Abrí los ojos y mire al techo de la que iba a ser mi habitación durante el próximo verano. La noche anterior me había costado conciliar el sueño. El cambio de habitación, la orientación de la cama...echaba de menos la atmosfera de mi habitación, me refiero a esa sensación de estar en tu sitio, en donde te sientes a gusto y tu lo controlas todo.
Me faltaba todo eso.
Me levante y me asomé a la ventana esperando ver el parque en el que jugaban los niños pequeños todas las mañanas, pero entonces me di cuenta.
No era mi casa.
No era mi habitación.
No era mi ventana.
No eran mis vistas.
Mi nuevas vistas no eran tan extraordinarias como me hubieran gustado. Daban justo a la casa de enfrente, desde mi ventana podía ver la habitación de enfrente. Al menos una parte. Apoyé los brazos en el alfeizar y puse mi cabeza sobre ellos a modo de almohada. Observaba lo poco que se veía de la habitación de enfrente mientras notaba como los ojos se me entrecerraban lentamente envolviéndome en una oscuridad que cada vez se extendía mas sobre mis ojos cuando, de repente vislumbro por la delgada línea que dibuja mis ojos una figura que aparece de improvisto en la habitación. Abrí los ojos y me agache a al suelo tan rápido que casi me entra vértigo. Me asomé de nuevo a la ventana, estaba agachada, escondida por debajo de la ventana como si fuera una agente del FBI.
Cuando alcancé a ver a la persona que había aparecido en la habitación de al lado mis mejillas se tiñeron de color rosa, luego a rojo y finalmente a carmesí.
Era el chico del día anterior, llevaba puestas unas gafas de sol que le daban un aire un tanto retro pero...¿gafas de sol dentro de casa?.
No pensé mucho en ello ya que entre otras cosas...no llevaba camiseta.
Se movía de un lado a otro, y en un momento se giro en dirección a la ventana y miro hacia ella. Me agache a tiempo de que no pudiera verme y después de levantarme pase frente a la ventana como si acabara de levantarme.
-Hola.
Supuestamente sorprendida me gire hacia la ventana.
-¡Hola!
Se acerco a la ventana y se apoyó sobre ella.
-¿Has venido de vacaciones?
-Si, he venido a pasar las vacaciones con mis tíos.
Intentaba parecer lo más interesante posible.
Asintió con la cabeza...su cabeza y haciendo ese gesto de torcer la boca esbozando una sonrisa que solo había tardado cinco minutos en volverme loca.
-¿Dónde vives?
-Soy de Phoenix.
-¿Y tú? ¿Vives aquí?.
-No -dijo sonriendo-. Soy de Washington.
No se me ocurría que contestar y solo pude sonreí, la había cagado, pensaría que era tonta, pero afortunadamente me devolvió la sonrisa.
-¿Te llamas Sawyer no?
"¡Sabe mi nombre!" "¡Sabe mi nombre!" "¡Sabe mi nombre!"
-Si... ¿y tú?
-Sam.
"Sam" "Sam" "Sam" "Sam" era perfecto. Menos mal que no podia leerme los pensamientos.
-¿Te apetecería venir conmigo a dar una vuelta? Podría enseñarte esto.
En ese momento un cosquilleo me recorrió desde las puntas del pelo a los dedos de los pies. Tenía que intentar parecer menos entusiasmada de lo que realmente estaba.
-Vale, estaría bien.
Sonreí amablemente.
-Te espero en la puerta de mi casa en veinte minutos.
-Está bien.
Y dicho esto desapareció de la habitación. Mientras yo abría frenética mi armario y conjuntaba toda mi ropa. No era que me gustase, ni siquiera era mi tipo, bueno ni siquiera sé si tengo un tipo, pero ir acompañada de un chico como ese requería una buena presencia.
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