sábado, 3 de septiembre de 2011

Capitulo #5: La sala de los espejos

En el pasillo reinaba un absoluto silencio, lo único que se escuchaba eran mis pasos sobre el terciopelo rojo que marcaba el camino hasta la entrada. Crucé el pasillo y llegue hasta el final, donde una cortina de color azul intenso serbia de puerta. Agarré un extremo de la cortina y la deslicé suavemente por la barandilla que la sostenía. Era de seda, tan suave que casi resbala entre mis dedos.

Apenas había deslizado la cortina me cegó la luz de los focos, la intensidad de los reflejos era casi abrumadora y te sumía en un autentico baño de luz. Una vez me hube acostumbrado al brillo pude observar la sala sin ningún tipo de problema para observar lo increíble que era.

Las paredes estaban completamente cubiertas por espejos, desde el suelo hasta el techo, y los que estaban colocados en medio formaban las paredes del laberinto, en el cual estaba deseando perderme. Comencé a andar preguntándome que pasaría si quedara atrapada allí, sabía que había gente que supervisaba las atracciones lo cual me dejó más tranquila, pero el hecho de que fuera la única persona en el laberinto me hacía sentir intranquila de nuevo. Miré atrás replanteándome volver por un segundo, Sam y sus amigos estarían esperándome...bueno solo Sam

Entonces escuche pasos de alguien que se encontraba tras alguna de las paredes del laberinto, al principio pensé que estaba sola, pero poco después pude escuchar unos murmullos que parecían conversar entre ellos. Tranquila continué con el recorrido. De pronto la idea de quedarme atrapada en el laberinto no me resultaba tan horrible, ya que aquella sala era realmente preciosa. El reflejo de los espejos bañaban la sala en un blanco intenso que la volvía acogedora y tranquila.

De pronto se escuchó un estallido, y no pude reprimir un grito de sorpresa. A lo lejos pude percibir el sonido de unos cristales cayendo al suelo. "Se habrá roto un espejo" pensé para mis adentros. Me dirigí hacia el origen del estruendo y me detuve en un cruce sin tener muy claro que dirección tomar.

Un segundo cristal que formaba parte de una de las paredes que componían el muro de esa parte del laberinto se resquebrajó cayendo al suelo originando una lluvia de cristales. Asustada me gire y observe los cristales rotos que se encontraban en el suelo formando un hueco vacio en medio del muro. Alterada eché a andar por el cruce de caminos mientras aterrorizada escuchaba como los espejos se iban rompiendo a mis espaldas. A medida que avanzaba lo espejos que se rompían estaban cada vez mas cerca de mi hasta que finalmente me encontré en un callejón sin salida, pero antes de llegar al final los dos cristales que me acorralaban estallaron provocando que los cristales saltaran disparados hacia mí. Me cubrí la cara con las manos y me apoyé contra el muro del callejón que no me dejaba escapatoria. Cuando aparte los brazos de mi cara y abrí los ojos comprobé que los focos se habían apagado, o mejor dicho, también habían explotado. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad estaba demasiado confusa y asustada para pensar en alguna manera de escapar, tenia miedo, no entendía nada y sobretodo; tenía frio. Comprobé si me había hecho alguna herida, pero lo único que tenia era unos pequeños cortes en varias zonas de las piernas y los brazos.

Mientras intentaba recomponerme oí una voz que se acercaba por el cruze de caminos.

-¿Hay alguien ahí?

Era la voz de un chico. Entonces me acordé de los pasos y las voces que había oído al entrar en la sala. Cuando giro en mi dirección pude verle, y después, pude verlos a ellos.
Vestían ropas negras y eran bastante altos y corpulentos, por los que pude contar eran tres. Cuando se acercaron más pude observarlos más detenidamente.

-¿Estás bien?

El chico que había sido el primero en alzar la voz era rubio con el pelo largo, casi alvino, al igual que su piel.

-Si, solo me he asustado.

Me aparté el pelo y deje caer toda mi melena sobre el hombro derecho, extrañamente aquel chico se estiro compulsivamente.

-Valla te has cortado.

El chico del pelo alvino cogió mi muñeca que sangraba débilmente.

- Si, de repente los espejos han empezado a romperse y a resquebrajarse.

-Si lo hemos visto.

Uno de los chicos rio ante el comentario de este ultimo.

-¿Qué pasa? ¿No te gusta como hemos decorado la sala?

Aquel comentario me dejo desconcertada, ¿de qué estaba hablando?. De pronto la respuesta fue tan obvia que rebotó en mi cabeza dejándome casi aturdida, mareada.

-¿Habéis sido vosotros?

Los otros dos chicos sonrieron y se dirigieron una mirada cómplice respondiendo a mi pregunta.

-Tu sangre es pura... -dijo el chico alvino que me sujetaba la muñeca .Entonces aspiro el aroma de la sangre que emanaba del corte de mi muñeca-. Me gusta...

Aquello empezaba a asustarme aquellos chicos parecían estar locos, enfermos y yo cada vez tenía más miedo. Casi sin que me diera cuenta aquel chico me agarró el cuello y me levantó unos centímetros del suelo. Mis ojos se empañaron con lágrimas de miedo, sabía que aquello era mi fin, que no podía escapar y jamás podría salir.  Sus ojos me observaban, pero era una mirada diferente a la de hacia unos segundos; me miraba con precisión, de manera  furtiva, como la de un animal salvaje a punto de atacar a su presa, que indefensa se prepara para morir. El chico sonrió con malicia, divertido, como si todo fuera un juego retorcido. Entonces vi sus dientes; eran afilados y tremendamente blancos. Abrió la boca y se acerco a mi cuello aminorando la presión que su mano ejercia sobre él. Cerré los ojos dispuesta a terminar con todo aquello, a terminar con ese miedo que me intoxicaba cada vez más, a perder la conciencia y dejar de sufrir...

Pero en ese momento un gran estruendo hizo que abriera los ojos. Se había roto otro espejo, era el que tenia a mi derecha y no pude ver porque. Entonces note como si algo se estuviera clavando en mi pecho, mire hacia abajo y lo que vi me dejo sin aliento.

El chico alvino había sido atravesado por una estaca de madera que le había atravesado el pecho y cuya punta se estaba clavando en el mío sin llegar a herirme. El chico me miro con unos ojos endemoniados, de un color naranja intenso, y en ese momento casi diabólico. Los otros dos chicos emitían un extraño sonido, gritaban de manera estremecedora...eran gritos de ira y dolor.

Entonces como si se tratara de un ilusionismo el chico se desvaneció ante mis ojos envuelto en una extraña y densa niebla que cargaba el ambiente y me oprimía cada vez más.
En ese momento perdí el conocimiento, y lo último que pude ver fue al chico que me cogió en brazos y me sacó de allí envuelta en sus brazos y protegiéndome de todo y de todos...Edgar.

 

lunes, 29 de agosto de 2011

Capitulo #4: La feria

Ya caía la tarde cuando Sam y yo nos dirigimos al muelle, esta vez andando.
No hacía frío, iba a ser una noche cálida, sin una sola nube que encapotara el crepúsculo rosa que teñía el cielo sobre nuestras cabezas.

-¿Estas nerviosa?

Sam se había quitado las gafas y podia ver sus ojos perfectamente, que me miraban curiosos y divertidos esperando una respuesta.

-No, ¿por qué?

Me había vestido lo más presentable posible, al fin y al cabo iba a conocer a sus amigos, todo chicos, tenía que causar una buena impresión. Tal vez me hubiera arreglado demasiado y lo hubiera notado.

-No se, voy a presentarte a mis amigos- Sam escondía ahora sus manos en los bolsillos y miraba al suelo-. Pensé que a lo mejor estabas nerviosa.

Sam levanto la cabeza, advirtiendo que yo mantenía la vista en el suelo, avergonzada por haber sido descubierta tan fácilmente. Aun así sonreí, una sonrisa tímida que curvaba mis labios, nerviosa y asustada.

-Eh...- Sam se detuvo a pocos pasos de llegar al paseo por lo que yo también me detuve alzando la mirada hacia él-. No tienes porqué ponerte nerviosa, yo no me separaré de ti, ¿vale?

Sam me miraba fijamente, su rostro estaba serio y su voz era suave y paternal, casi en un susurro, que acariciaba mis oídos como el mas dulce de los sonidos. Ante tanta atención no pude reprimir una leve sonrisa.

-¡Eh Sam!

Un grupo de chicos se acercó a nosotros fijándose solo en Sam y acercándose a saludarlo. ¡Madre mía! Nunca había visto tantos chicos juntos, ahora todo lo que me había dicho Sam se había desintegrado por completo, estaba asustada, preocupada y terriblemente nerviosa.

-Hola chicos, esta es Sawyer.

Sam condujo su atención hacia mi con un movimiento de cabeza e inmediatamente todos los chicos me miraban de arriba a abajo. A pesar de mis tremendos nervios me mantuve serena, segura, aparentemente tranquila. Sus ojos me analizaban, escrutaban todas y cada una de las partes de mi cuerpo. ¿Estarían buscando defectos? ¿Imperfecciones?
No podía pensar en eso ahora, me estaba poniendo cada vez más nerviosa y busqué a Sam con la mirada.

-Bueno chicos, movámonos. A este paso cerrarán la feria.

Sam se aproximo a mi y se puso a mi lado, escoltándome de todas esas miradas escrutadoras.

Paseamos por la feria durante un rato, por suerte los chicos parecían estar muy entretenidos hablando entre ellos y Sam no se había apartado de mi.

-¡Eh Sawyer!- me giré, uno de los chicos me miraba con una extraña sonrisa en la cara que pretendía pasar por amigable-. ¿De dónde eres?

No solo él me miraba sonriente, todos los demás también. Afortunadamente Sam salió en mi defensa.

-Es de Phoenix.

Creo que Sam podía percibir la tensión en el ambiente, o tal vez en mí. De alguna forma, era como si me estuviera defendiendo.

-Deja que conteste ella.

El chico que me había preguntado parecía divertirse provocando a Sam, típico entre un grupo de amigos.

-Tíos no la molestéis.

-¡Deja que hable ella!- un segundo chico alzó la voz entre el grupo, era un poco más bajito que el chico anterior, pero tenía la misma sonrisa burlona dibujada en la cara-. No ha abierto la boca desde que hemos llegado.

-Será porque no quiere hablar con una panda de idiotas como vosotros.

A pesar de saber que era una discusión amistosa me mantuve callada y aparte.
Finalmente las cosas se calmaron y los chicos se volvieron cada vez más amables, divertidos y simpáticos, aunque no acababa de fiarme de ellos, solo por si acaso.

-¡Hey chicos!- otro de los amigos de Sam levantó la voz-.Mirad quien está ahi.

Con un movimiento de cabeza condujo todas nuestras miradas hacia un lado de la feria, justo en frente de la noria. Era el chico que me había devuelto el monedero. Entonces recordé la hostilidad con la que Sam le había tratado, y me pregunte si sus amigos se comportarían igual.
Se iba acercando a nosotros, pero no se dio cuenta hasta que nos tuvo delante.
A juzgar por las risas de los chicos no iba a ser un encuentro agradable, no sabía quién iba a pasarlo peor, si él o yo.

-¡Edgar!¡Querido amigo!

Uno de los chicos se acercó y le dio un abrazo mientras los demás reian y aquel chico se mantenía serio.

-¿Qué haces aquí? ¿Has venido con tus amigos? A no, que no tienes.

Los chicos rompieron a reír , una estupidez tras otra, estaba avergonzada y lo único que podía hacer era sentir pena por ese chico.

-No seas tonto, iba a subir a la noria ¿no?

-Es verdad ¿con quién vas a subir?

-¿Con Catwoman?

A pesar de las humillaciones ese chico seguía manteniéndose serio, aunque se notaba que estaba haciendo un esfuerzo por reprimirse. Los chicos seguían riéndose a su costa, sentía ganas de mandarlos callar a todos, pero no podía. Entonces me di cuenta de que no todos reían. Sam, que seguía a mi lado seguía mirando serio a ese chico...a Edgar.

-Mira ¿por qué no me dejáis en paz?

Edgar levanto la cabeza y pronunció aquello con un gesto de cansancio.
Era la primera vez que le escuchaba hablar, bueno, la segunda.

-Venga Edgey, no te enfades, solo era una broma.

Edgar desistió y aparto la vista de ellos y, de pronto, sus ojos estaban puestos en mi. Me miró a mi y luego a Sam que, al percatarse me arrastró y tiró de mi hacia atrás poniéndose él delante.

Finalmente Edgar se dio media vuelta y siguió andando haciendo caso omiso a las burlas de los demás.

Minutos después le dije a Sam que tenía que ir al baño.La verdad era que queria apartarme de esos amigos sullos tan desagradables e infantíles.
Cuando iba hacia los aseos pase frente una atracción. Inmediatamente me quedé quieta. Por alguna razón sentía la tremenda necesidad de entrar allí, como si algo me atrajera a entrar. Ardía en deseos de entrar allí dentro por alguna extraña razón que escapaba a mi comprensión. Un simple impulso.

Finalmente entré para perderme en un laberinto de magia e ilusiones opticas.

"La sala de los espejos"

domingo, 28 de agosto de 2011

Capitulo #3: No te acerques a ese chico

Salí de casa cerrando la puerta tras de mi. Sam me esperaba apoyado en la valla blanca de su casa, seguía llevando las gafas de sol. Al verme se giro y sonrió.

-Que puntual.

El sol brillaba y se dejaba ver entre las hojas de las copas de los arboles que actuaban de contraluz negando el paso a los brillantes rayos de principios de julio.

-Lo mismo digo.

"No parezcas atrevida" pensaba para mis adentros, no quería parecer bastante lanzada, pero tampoco podía parecer aburrida. Tenía que impresionar realmente a Sam.

-¿Nos vamos?- pregunte midiendo muy bien mis palabras.

-Si claro.

Se aparto de la valla, incorporo la bici que estaba tumbada en el suelo y se montó sobre ella.

-Venga sube.

No podía ser... ¿me estaba pidiendo que subiera a su bici?.
La cara se me puso roja "¡No ahora no!" me repetía intentando disimular el rubor que poco a poco teñía mi cara. Tenía que subir, si no parecería idiota, una cría, pero subir a su bici me emocionaba tanto que me ponía demasiado nerviosa.
Sentía un hormigueo en el estomago que me incitaba a subir y me producía un agradable cosquilleo. Finalmente monte en el sillín, el pedaleaba de pie lo cual me dejaba en una posición algo comprometida. Ya podréis imaginar porque. Me agarre a el casi tan fuerte que si llego a poner un poco mas de empeño los dos abríamos volcado la bici.

-Tranquila -me miro por encima de su hombro y de sus gafas-. no hace falta que me arranques los hombros.

Pensé que había quedado como una idiota pero enseguida sonrió y empezó a pedalear.

Recorrimos el paseo de las viviendas y enseguida llegamos a la zona del centro. Era muy bonita, nada del otro mundo pero parecía agradable. Lo mas extraño era que todo el mundo parecía bastante hostil, reservada, como si estuvieran a la defensiva. Aunque tal vez solo fuera mi impresión al estar en un sitio nuevo, donde no conocía a nadie... pero era agradable estar en un sitio diferente; en todos los sentidos posibles.

Se podía ver la feria al otro lado del paseo marítimo, la pondrían en marcha por la tarde ya caída la noche, la verdad era que tenía muchas ganas de montar en las atracciones, hacia mucho que no iba a una feria como esa. Cuando era niña solía ir a las ferias de mi ciudad con mis padres, claro que por aquel entonces solo montaba en la noria, y tal vez en los coches de choque. Pero nunca, por nada del mundo habría entrado en "La casa de los horrores", aquella atracción me ponía los pelos de punta, y nunca llegue a entrar, claro que por aquel entonces era muy pequeña. Nos paramos a comprar unos batidos en un puesto al lado de una tienda de comics.

-¿De qué lo quieres?

Sam estaba apoyado en el carrito ante la mirada de desaprobación del vendedor.

-De vainilla, por favor.

-Dos de vainilla.

Metí la mano en mi bolso para sacar el monedero, tenía la foto de Lola Bunny dibujada, era muy mona, pero ahora no era momento de volver a la infancia. Saque los dos dólares que costaba mi batido.

-No hace falta- levante la mirada hacia Sam que me sonreía tranquilo-. Pago yo.

Le hice una mueca de descontento, pero a el solo pareció hacerle gracia y terminó pagando el. Me guarde el monedero en el bolso y nos dirigimos hacia el paseo.

-Podría haber pagado yo- le reproche.

-No mientras estés conmigo.

Sorbí de mi batido, la verdad era que estaba bastante bueno para haber salido de un carrito tan viejo, sucio y oxidado. Dirigí mi mirada hacia la montaña rusa que se levantaba imponente ante nuestros ojos casi eclipsando el sol. Tampoco había montado nunca en una montaña rusa. Tal vez fuera por la inseguridad que me producía la aparente inestabilidad de la atracción a pesar de que sabía que hay más posibilidades de sufrir un accidente yendo a un parque de atracciones que dentro de uno. Aun así seguía sin estar segura.

-Disculpa.

La voz sonó a mis espaldas, reaccione y comprobé si se había dirigido a mí. Cuando me gire, ante mi vi a un chico que me observaba fijamente y sostenía algo en la mano. Era mi monedero.

-Se te ha caído antes.

Supuse que habría sido cuando volví a meter el monedero en el bolso. Al menos eso creía.

-Gracias.

Le sonreí con el fin de no parecer borde. Entonces note algo. Cuando fui a recoger mi monedero el solo roce de su piel me hizo temblar de arriba a abajo. Fue un solo instante, pero pude notar el efecto en los instantes previos. Le observe bien. Era rubio, con el pelo mas bien largo y los ojos oscuros, ligeramente entrecerrados, llevaba una camisa abierta a cuadros rojos y negros con una camisa blanca debajo y unos pantalones vaqueros normales. A pesar de parecer una ropa normal me resultaba nostálgica. Estilo de los ochenta. Aunque lo que más llamo mi atención fue la cinta roja que llevaba atada al rededor de la cabeza.
Entonces el aparto su mirada de mi y la dirigió por encima de mi hombro, me volví intrigada y le vi a él. A Sam, que mantenía la mirada fija en el chico que me había devuelto el monedero, pero no era una mirada normal, era una mirada fría casi despectiva. Enseguida pude notar la tensión en el ambiente producida por ese cruze de miradas.

-¿Qué haces aquí?

El silencio asfixiante se había cortado con las palabras hostiles de Sam. El chico le respondió sin apartar la mirada desafiante de él.

-Nada.

-Pues entonces lárgate.

Me sentía fuera de lugar, casi avergonzada ante el comportamiento de Sam, tan diferente al que mostraba conmigo.
El chico me miro por última vez y sentí el mismo cosquilleo que antes al rozar su mano, solo que esta vez más leve. Finalmente se dio la vuelta y siguió caminando en dirección contraria.

-No te acerques a él- me susurro Sam al oído.

-¿Por qué?- pregunte inmediatamente.

-Es un chico raro, siempre está en esa tienda de comics, no tiene amigos, esta loco.

-¿Y eso por qué?- Sam me miro sin acabar de comprender mi pregunta, podía notar sus ojos dudosos a través de los cristales de sus gafas-. Es decir, le gustan los comics y no es muy sociable pero eso no quiere decir que este loco.

Sam suspiro y volvió su mirada hacia el horizonte, a la playa, donde rompían las olas cada vez con más fuerza.

-Ya te lo contare, pero hazme caso. No te acerques a ese chico, si lo haces te ganaras muchos enemigos en Santa Carla.


Volvimos a casa y quedamos para volver a vernos a las ocho e ir a la feria, estaba nerviosa, Sam había dicho que traería unos amigos y las caras nuevas siempre me ponían nerviosa. Pero había algo de lo que me había dicho Sam esa mañana que me intrigaba todavía mas: "No te acerques a ese chico, si lo haces te ganaras muchos enemigos en Santa Carla". Y lo que me resultaba todavía mas raro...ese escalofrío. Ese escalofrío que me había azotado mi cuerpo como una corriente eléctrica. No entendía el porqué. Aunque tal vez lo sospechara aunque no estaba segura. Decidí guardar esa posibilidad en mi interior, encerrarla con candado, no porque fuera imposible, si no porque me resultaba absurda o al menos eso quería pensar. Decidí olvidarme y me negué a pensar que eso fuera posible. Aunque al mismo tiempo me emocionara y me hiciera sentir extrañamente cohibida.

viernes, 26 de agosto de 2011

Capitulo #2: Sam

Abrí los ojos y mire al techo de la que iba a ser mi habitación durante el próximo verano. La noche anterior me había costado conciliar el sueño. El cambio de habitación, la orientación de la cama...echaba de menos la atmosfera de mi habitación, me refiero a esa sensación de estar en tu sitio, en donde te sientes a gusto y tu lo controlas todo.
Me faltaba todo eso.

Me levante y me asomé a la ventana esperando ver el parque en el que jugaban los niños pequeños todas las mañanas, pero entonces me di cuenta.
No era mi casa.
No era mi habitación.
No era mi ventana.
No eran mis vistas.
Mi nuevas vistas no eran tan extraordinarias como me hubieran gustado. Daban justo a la casa de enfrente, desde mi ventana podía ver la habitación de enfrente. Al menos una parte. Apoyé los brazos en el alfeizar y puse mi cabeza sobre ellos a modo de almohada. Observaba lo poco que se veía de la habitación de enfrente mientras notaba como los ojos se me entrecerraban lentamente envolviéndome en una oscuridad que cada vez se extendía mas sobre mis ojos cuando, de repente vislumbro por la delgada línea que dibuja mis ojos una figura que aparece de improvisto en la habitación. Abrí los ojos y me agache a al suelo tan rápido que casi me entra vértigo. Me asomé de nuevo a la ventana, estaba agachada, escondida por debajo de la ventana como si fuera una agente del FBI.
Cuando alcancé a ver a la persona que había aparecido en la habitación de al lado mis mejillas se tiñeron de color rosa, luego a rojo y finalmente a carmesí.
Era el chico del día anterior, llevaba puestas unas gafas de sol que le daban un aire un tanto retro pero...¿gafas de sol dentro de casa?.
No pensé mucho en ello ya que entre otras cosas...no llevaba camiseta.
Se movía de un lado a otro, y en un momento se giro en dirección a la ventana y miro hacia ella. Me agache a tiempo de que no pudiera verme y después de levantarme pase frente a la ventana como si acabara de levantarme.

-Hola.

Supuestamente sorprendida me gire hacia la ventana.

-¡Hola!

Se acerco a la ventana y se apoyó sobre ella.

-¿Has venido de vacaciones?

-Si, he venido a pasar las vacaciones con mis tíos.

Intentaba parecer lo más interesante posible.
Asintió con la cabeza...su cabeza y haciendo ese gesto de torcer la boca esbozando una sonrisa que solo había tardado cinco minutos en volverme loca.

-¿Dónde vives?

-Soy de Phoenix.

-¿Y tú? ¿Vives aquí?.

-No -dijo sonriendo-. Soy de Washington.

No se me ocurría que contestar y solo pude sonreí, la había cagado, pensaría que era tonta, pero afortunadamente me devolvió la sonrisa.

-¿Te llamas Sawyer no?

"¡Sabe mi nombre!" "¡Sabe mi nombre!" "¡Sabe mi nombre!"

-Si... ¿y tú?

-Sam.

"Sam" "Sam" "Sam" "Sam" era perfecto. Menos mal que no podia leerme los pensamientos.

-¿Te apetecería venir conmigo a dar una vuelta? Podría enseñarte esto.

En ese momento un cosquilleo me recorrió desde las puntas del pelo a los dedos de los pies. Tenía que intentar parecer menos entusiasmada de lo que realmente estaba.

-Vale, estaría bien.

Sonreí amablemente.

-Te espero en la puerta de mi casa en veinte minutos.

-Está bien.

Y dicho esto desapareció de la habitación. Mientras yo abría frenética mi armario y conjuntaba toda mi ropa. No era que me gustase, ni siquiera era mi tipo, bueno ni siquiera sé si tengo un tipo, pero ir acompañada de un chico como ese requería una buena presencia.

jueves, 25 de agosto de 2011

Capitulo #1: La llegada a Santa Carla

Mi tio abrió la puerta del coche. Habia estado callado durante casi todo el viaje y ahora me sujetaba la puerta esperando a que saliera.
-Ya hemos llegado

Sali del coche y heche un vistazo a mi alrededor. Era una calle normal, bonita, pero común. Las casas estaban rodeadas por vallas blancas perfectamente pintadas. La casa de mi tia estaba frente a mi, era una casa normal y corriente, sin adornos ni colores extraños,pero daba la sensacion de ser muy hogareña. Bueno, igual que mis tios.
Todavia no entendia porque tenia que ir a pasar las vacaciones con ellos, eran aburridos y caseros a más no poder.
Aquel verano iba a ser aburridisimo y no me cabia ninguna duda.

De la casa de al lado salio un chico de mi edad, con el pelo castaño y perfectamente peinado. Se agachó a recoger el correo y cuando volvio a incoporarse nuestras miradas se cruzaron.

Sus ojos y mis ojos, su sonrisa y la mia; su sonrisa era extrañamente perfecta y por algun motivo me hacia sentir cohibida. Aparté un poco la mirada para no parecer descarada, pero segundos mas tarde sentia la necesidad de volver a mirarle.
Y ahi seguia.

Estabamos en pleno cruze de miradas cuando mi tia salió a recibirme...al estilo de mi tia Ertruth.

-¡Sawyer, querida!

Mi tia Ertruth siempre habia sentido una incontrolable necesidad de tirarme de los mofletes cada vez que me veia. No recuerdo ni una sola vez en la que no me halla recibido así, ni siquiera ahora, con dieciseis años.

-Hola tia Ertruth.

Me preguntaba que estaria pensando ese chico de mi, pensase lo que pensase yo me estaba muriendo de vergüenza.

-Yo llevo las maletas.
Mi tio y mi tia entraron en casa y yo me volvi a girar disimuladamente a observar otra vez a ese chico.
Demasiado tarde.

Estaba subiendo en su bici y se disponía a emprender la marcha, pero antes de hacerlo se volvio, como si supiera que le estaba observando (bueno, si yo fuese él no tendria ninguna duda de que alguna chica me estuviera mirando) Me miró y sonrió como habia hecho antes y, sin perder un solo momento se subió a la bici y empezo a pedalear.

Puede que el verano no fuera a ser tan aburrido como pensaba...