Apenas había deslizado la cortina me cegó la luz de los focos, la intensidad de los reflejos era casi abrumadora y te sumía en un autentico baño de luz. Una vez me hube acostumbrado al brillo pude observar la sala sin ningún tipo de problema para observar lo increíble que era.
Las paredes estaban completamente cubiertas por espejos, desde el suelo hasta el techo, y los que estaban colocados en medio formaban las paredes del laberinto, en el cual estaba deseando perderme. Comencé a andar preguntándome que pasaría si quedara atrapada allí, sabía que había gente que supervisaba las atracciones lo cual me dejó más tranquila, pero el hecho de que fuera la única persona en el laberinto me hacía sentir intranquila de nuevo. Miré atrás replanteándome volver por un segundo, Sam y sus amigos estarían esperándome...bueno solo Sam
Entonces escuche pasos de alguien que se encontraba tras alguna de las paredes del laberinto, al principio pensé que estaba sola, pero poco después pude escuchar unos murmullos que parecían conversar entre ellos. Tranquila continué con el recorrido. De pronto la idea de quedarme atrapada en el laberinto no me resultaba tan horrible, ya que aquella sala era realmente preciosa. El reflejo de los espejos bañaban la sala en un blanco intenso que la volvía acogedora y tranquila.
De pronto se escuchó un estallido, y no pude reprimir un grito de sorpresa. A lo lejos pude percibir el sonido de unos cristales cayendo al suelo. "Se habrá roto un espejo" pensé para mis adentros. Me dirigí hacia el origen del estruendo y me detuve en un cruce sin tener muy claro que dirección tomar.
Un segundo cristal que formaba parte de una de las paredes que componían el muro de esa parte del laberinto se resquebrajó cayendo al suelo originando una lluvia de cristales. Asustada me gire y observe los cristales rotos que se encontraban en el suelo formando un hueco vacio en medio del muro. Alterada eché a andar por el cruce de caminos mientras aterrorizada escuchaba como los espejos se iban rompiendo a mis espaldas. A medida que avanzaba lo espejos que se rompían estaban cada vez mas cerca de mi hasta que finalmente me encontré en un callejón sin salida, pero antes de llegar al final los dos cristales que me acorralaban estallaron provocando que los cristales saltaran disparados hacia mí. Me cubrí la cara con las manos y me apoyé contra el muro del callejón que no me dejaba escapatoria. Cuando aparte los brazos de mi cara y abrí los ojos comprobé que los focos se habían apagado, o mejor dicho, también habían explotado. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad estaba demasiado confusa y asustada para pensar en alguna manera de escapar, tenia miedo, no entendía nada y sobretodo; tenía frio. Comprobé si me había hecho alguna herida, pero lo único que tenia era unos pequeños cortes en varias zonas de las piernas y los brazos.
Mientras intentaba recomponerme oí una voz que se acercaba por el cruze de caminos.
-¿Hay alguien ahí?
Era la voz de un chico. Entonces me acordé de los pasos y las voces que había oído al entrar en la sala. Cuando giro en mi dirección pude verle, y después, pude verlos a ellos.
Vestían ropas negras y eran bastante altos y corpulentos, por los que pude contar eran tres. Cuando se acercaron más pude observarlos más detenidamente.
-¿Estás bien?
El chico que había sido el primero en alzar la voz era rubio con el pelo largo, casi alvino, al igual que su piel.
-Si, solo me he asustado.
Me aparté el pelo y deje caer toda mi melena sobre el hombro derecho, extrañamente aquel chico se estiro compulsivamente.
-Valla te has cortado.
El chico del pelo alvino cogió mi muñeca que sangraba débilmente.
- Si, de repente los espejos han empezado a romperse y a resquebrajarse.
-Si lo hemos visto.
Uno de los chicos rio ante el comentario de este ultimo.
-¿Qué pasa? ¿No te gusta como hemos decorado la sala?
Aquel comentario me dejo desconcertada, ¿de qué estaba hablando?. De pronto la respuesta fue tan obvia que rebotó en mi cabeza dejándome casi aturdida, mareada.
-¿Habéis sido vosotros?
Los otros dos chicos sonrieron y se dirigieron una mirada cómplice respondiendo a mi pregunta.
-Tu sangre es pura... -dijo el chico alvino que me sujetaba la muñeca .Entonces aspiro el aroma de la sangre que emanaba del corte de mi muñeca-. Me gusta...
Aquello empezaba a asustarme aquellos chicos parecían estar locos, enfermos y yo cada vez tenía más miedo. Casi sin que me diera cuenta aquel chico me agarró el cuello y me levantó unos centímetros del suelo. Mis ojos se empañaron con lágrimas de miedo, sabía que aquello era mi fin, que no podía escapar y jamás podría salir. Sus ojos me observaban, pero era una mirada diferente a la de hacia unos segundos; me miraba con precisión, de manera furtiva, como la de un animal salvaje a punto de atacar a su presa, que indefensa se prepara para morir. El chico sonrió con malicia, divertido, como si todo fuera un juego retorcido. Entonces vi sus dientes; eran afilados y tremendamente blancos. Abrió la boca y se acerco a mi cuello aminorando la presión que su mano ejercia sobre él. Cerré los ojos dispuesta a terminar con todo aquello, a terminar con ese miedo que me intoxicaba cada vez más, a perder la conciencia y dejar de sufrir...
Pero en ese momento un gran estruendo hizo que abriera los ojos. Se había roto otro espejo, era el que tenia a mi derecha y no pude ver porque. Entonces note como si algo se estuviera clavando en mi pecho, mire hacia abajo y lo que vi me dejo sin aliento.
El chico alvino había sido atravesado por una estaca de madera que le había atravesado el pecho y cuya punta se estaba clavando en el mío sin llegar a herirme. El chico me miro con unos ojos endemoniados, de un color naranja intenso, y en ese momento casi diabólico. Los otros dos chicos emitían un extraño sonido, gritaban de manera estremecedora...eran gritos de ira y dolor.
Entonces como si se tratara de un ilusionismo el chico se desvaneció ante mis ojos envuelto en una extraña y densa niebla que cargaba el ambiente y me oprimía cada vez más.
En ese momento perdí el conocimiento, y lo último que pude ver fue al chico que me cogió en brazos y me sacó de allí envuelta en sus brazos y protegiéndome de todo y de todos...Edgar.